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Con los más pequeños
Trabajando con
el Padre Luis de La Espriella, en la Casa del Hermano Peregrino, buscó medicinas
para aquellos ancianos que vivían en medio de la desprotección e hizo parte del
proyecto de construcción de una biblioteca y salones para que éstos pudieran
descansar y dormir.
Y en ese
proceso de trabajo solidario, Dayro llegó en enero de 1999 a la Asociación
Santandereana Pro Niños Retardados Mentales (Asopormen) para dirigir los
proyectos que apuntan a brindar educación, entrenamiento y salud a los niños de
comunidades y familias desplazadas e hijos de madres cabeza de hogar, expuestos
a la mendicidad, la drogadicción y los abusos físicos y sexuales.
Y entonces allí
encuentra cómplices para que su sueño de ayudar a los pequeños como María
Eugenia Acuña, Amparo Arce y Jaime Trillos. Así, rodeado de veinticinco mujeres
y especialistas del área de la salud, Dayro trabaja por el bienestar de unos 200
niños con dificultades, los cuales son recogidos a las 7 de la mañana en sus
casas y pasan en Asopormen todo el día (hasta las 5) sin que les cobren ni el
transporte. Allí los menores cuentan con servicios de terapia física,
ocupacional y de lenguaje; cita de medicina general, ortopedista, nutricionista,
psicóloga, psicopedagogía, odontología, educación física, música, baile,
expresión y todo lo relacionado con la educación especial.
¿La paga? «Una
sonrisa» responde Dayro, quien ha convencido con su ejemplo a estos
profesionales para que renuncien a cualquier tipo de honorario. Dayro les ha
enseñado que el mejor pago es la satisfacción de ver el crecimiento y avance de
los niños que representan el futuro y el porvenir de Colombia.
Empresario y loco
Este estudiante
de Derecho de la Universidad Autónoma de Bucaramanga recibió con gran alegría su
postulación al Premio Youth Founders. «Es muy bueno pensar que en el extranjero
valoran más el trabajo que hacemos, mientras aquí a las ONG’s nos han convertido
en Organizaciones No Gratas» expresó en diálogo con este diario.
Este
reconocimiento que sale de la observación de un jurado en todo el mundo es más
que justo con una persona que ha liderado procesos que, no más en los últimos
cuatro años, han beneficiado a más de cuatro mil niños y sus familias. Y para
lograr estos objetivos no se ha cansado de tocar puertas y enviar proyectos. El
más reciente fue algo que al principio sonó utópico: Dayro pasó por encima de
disqueras y demás y logró que Alberto Plaza se presentara en Bucaramanga sin
cobrar un sólo peso. Las ganancias de este concierto ahora hacen posible que los
pequeños con retardos mentales se acerquen a la informática en un aula dotada
con diez computadores.
Ya Dayro se le
había medido antes a ideas de este tipo y así realizó la campaña «Una Sonrisa
por La Paz», a la cual se vincularon 25 actores del Canal Caracol, quienes
reunieron 15 mil personas en un show cómico musical.
Y así, sus
proyectos le han dado la vuelta al mundo. Por eso el primero se denominó
Alemania, pues esta nación le financió una investigación acerca de las
condiciones de los niños más pobres y de sus derechos más inherentes, gracias a
lo cual la Fundación ha respaldado con datos todas sus acciones.
De tiempo completo
«En este sueño
de ayudar yo trabajo de domingo a domingo y a veces hasta olvido que soy hijo,
hermano, primo, amigo, estudiante...» afirma Dayro, quien en su navidad también
suele irse a su natal Barrancabermeja a repartir regalos para los niños más
pobres, para entrenarlos en su coro y para apoyar las demás instituciones que
trabajan por la niñez.
Por ahora,
Dayro no tiene segura su ida a Estados Unidos para recoger su reconocimiento. Y
la duda no pasa sólo por la visa, sino además por la falta de dinero para el
viaje. «He tocado muchas puertas, he llamado a las aerolíneas para pedir apoyo
ya que la motivación para ir allá no es sólo por el premio sino para llevar
mensajes de los niños que piden que miren hacia el sur. Que sepan que aquí hay
gente que hay que ayudar. Para que sigan pensando en este trabajo...».
Definitivamente para Dayro las preocupaciones ya no son las mismas que las de
cualquier joven de 20 años.
La opción
de reconocer el trabajo y ayudarle a Dayro no es sólo para el extranjero. Por
eso, el que se anime puede escribirle a asopormen@hotmail.com ó llamarlo a los
teléfonos 634 59 35, 643 71 96 y 632 05 36 de Bucaramanga ó al celular 310 301
9837.
* En artículo publicado en periódico El Mundo, el día 3 de octubre de
2003. Periodista Nectalí Cano. |